Benito Jerónimo Feijoo: el monje que trajo la Ilustración a Oviedo

Benito Jerónimo Feijoo: el monje que trajo la Ilustración a Oviedo

La figura de Benito Jerónimo Feijoo (1676–1764) es una de las más destacadas de la Ilustración española. Aunque nació en Galicia, pasó casi toda su vida adulta en Oviedo, donde escribió sus obras fundamentales. En la ciudad se le recuerda con una estatua en la Plaza que lleva su nombre, junto al antiguo Monasterio de San Vicente (hoy Museo Arqueológico de Asturias), donde vivió y trabajó durante décadas.

Aquí tienes datos curiosos, todos reales y documentados, sobre este personaje clave de la historia cultural española:


1. Fue el autor español más leído del siglo XVIII

Sus obras Teatro crítico universal y Cartas eruditas y curiosas se difundieron ampliamente por España y por Europa.
Para la época, fue un auténtico fenómeno editorial.


2. Combatió supersticiones… con argumentos

Feijoo dedicó buena parte de su obra a desmontar creencias populares:

  • supuestos milagros
  • relatos sobrenaturales
  • remedios mágicos
  • supersticiones de todo tipo

Siempre intentaba aplicar razonamiento, experiencia y observación.


3. Defendió públicamente la capacidad intelectual de las mujeres

En un ensayo muy conocido (“Defensa de las mujeres”), Feijoo argumentó que las mujeres tenían exactamente la misma capacidad de raciocinio que los hombres.
Para 1726, esto era una postura audaz.


4. Fue un “divulgador” antes de que existiera el término

Su objetivo era escribir para el lector común, con un estilo claro y accesible. Explicaba ciencia, historia, filosofía y curiosidades con un enfoque pedagógico. Era, en esencia, lo que hoy llamaríamos un divulgador científico.


5. Escribió toda su gran obra desde Oviedo

En el Monasterio de San Vicente —hoy sede del Museo Arqueológico— Feijoo pasó más de 40 años. Desde allí redactó todos sus grandes libros y mantuvo correspondencia con intelectuales de toda España.


6. Promovió la observación como método

Feijoo repetía constantemente que antes de aceptar una creencia había que:

  • observar,
  • contrastar,
  • buscar pruebas,
  • y desconfiar de la tradición acrítica.

Sin usar la palabra “ciencia”, estaba defendiendo un enfoque claramente científico.


7. El “Teatro” de su obra no es teatro

El Teatro crítico universal no tiene nada que ver con el teatro escénico. “Teatro” se usaba con el sentido de “gran exposición” o “panorama general”. Su obra era, literalmente, un gran escaparate de temas tratados con criterio racional.


8. Se atrevió a escribir sobre casi todo

Feijoo trató cuestiones tan variadas como:

  • fenómenos naturales,
  • medicina popular,
  • historia,
  • mitos y leyendas,
  • educación,
  • lingüística,
  • música,
  • y hasta curiosidades zoológicas.

Su amplitud temática es una de las señas de identidad de su obra.


9. La estatua de Oviedo es un homenaje a su vida intelectual

La escultura —sobria y de aire meditativo— representa su carácter: un monje dedicado al estudio, cerca del lugar donde trabajó la mayor parte de su vida.


Conclusión

Feijoo no solo fue un escritor clave de la Ilustración, sino un pensador adelantado a su tiempo, defensor del espíritu crítico y del conocimiento basado en razones.
Oviedo tuvo un papel fundamental en su trayectoria, y su legado sigue siendo una parte importante de la identidad cultural de la ciudad.