Carbayones: el origen del apodo de los ovetenses y la historia del gran roble de la ciudad

Carbayones: el origen del apodo de los ovetenses y la historia del gran roble de la ciudad

Pocas ciudades tienen un apodo tan arraigado como Oviedo. A sus habitantes se les llama carbayones, y no por un dulce típico —que también—, sino por un árbol gigante que marcó la identidad de la ciudad durante siglos: el Carbayón, un roble monumental que se convirtió en símbolo de Oviedo.

Pocas ciudades tienen un apodo tan característico y tan querido como Oviedo. A los habitantes de la capital asturiana se les llama carbayones, una palabra que no procede del dulce típico –aunque hoy comparta nombre– sino de un árbol que marcó profundamente la identidad local: un roble gigantesco conocido como El Carbayón. Durante siglos se alzó majestuoso en la zona donde hoy está la calle Uría y su presencia terminó convirtiéndose en un símbolo tan reconocido que los vecinos comenzaron a identificarse a través de él.

El origen del término está en el asturiano carbayu, que significa roble, y en su aumentativo carbayón, usado para referirse a un ejemplar especialmente grande. Aquél lo era: un árbol monumental que formaba parte del paisaje cotidiano y que servía como referencia para quienes vivían en Oviedo y para quienes llegaban desde fuera. Se encontraba entonces en un área más rural, junto al borde del Campo de San Francisco, pero terminó quedando en medio de la transformación urbana del siglo XIX.

La desaparición del Carbayón original

La modernización de Oviedo trajo consigo la apertura de la calle Uría, concebida como el gran eje que conectaría el centro con la estación de tren. Para hacer realidad ese proyecto se decidió talar el gran roble, y en 1879 se llevó a cabo la tala. Aquella pérdida generó un profundo malestar entre muchos ovetenses, que veían desaparecer un elemento inseparable de la memoria colectiva de la ciudad. Aun así, el recuerdo del árbol permaneció vivo, y con él un apodo que ya llevaba tiempo utilizándose: los carbayones.

Hoy, cualquier persona que pasee por la calle Uría puede localizar en la acera una placa conmemorativa que marca el punto exacto donde estuvo el Carbayón. Es un detalle sencillo, casi discreto, pero muy significativo: permite al visitante situarse justo en el lugar en el que aquel roble monumental dominó el paisaje urbano durante generaciones.

El Carbayón nuevo y el homenaje permanente

Con el paso de los años, Oviedo quiso mantener de algún modo la presencia simbólica de aquel árbol desaparecido. Por eso se plantó un nuevo roble, conocido como el Carbayón nuevo, ubicado detrás del Teatro Campoamor, en una pequeña zona ajardinada. No pretende replicar el tamaño ni la imponencia del original, pero sí actuar como heredero simbólico de su historia y como recordatorio visible para quienes pasean por esta parte del centro.

El apodo “carbayones” es, por tanto, mucho más que una curiosidad lingüística. Resume una relación afectiva entre la ciudad y su entorno natural, y enlaza el presente con un pasado en el que un simple árbol podía convertirse en un emblema. Hoy, seguir el rastro del Carbayón es tan sencillo como comenzar en la placa de la calle Uría, recorrer el corazón de la ciudad y acercarse al Teatro Campoamor para ver al joven roble que mantiene viva la tradición.

Carbayones también en el fútbol: identidad azul con raíces

El apodo trascendió muy pronto el ámbito popular y acabó llegando también al deporte. Al Real Oviedo, el club de fútbol de la ciudad, se le conoce desde hace décadas como “el equipo carbayón”, un nombre que enlaza directamente al club con la identidad histórica de Oviedo. No es solo un sobrenombre deportivo: funciona como un puente entre la tradición y la pasión futbolística.

Del mismo modo, a los seguidores del Real Oviedo se les llama a menudo carbayones, un guiño al pasado que refuerza la idea de que el club representa a la ciudad en todos los sentidos. Para un visitante, escuchar “hoy juega el equipo carbayón” o ver banderas azules en los balcones resulta una forma inmediata de comprender que la herencia del viejo roble sigue presente en la vida cotidiana.

Del árbol al pastel: un homenaje dulce al símbolo de Oviedo

Con el tiempo, el nombre “carbayón” trascendió aún más cuando una confitería ovetense llamada Camilo de Blas decidió rendir homenaje al viejo roble creando un pastel que llevara su nombre. De esa idea nació el carbayón, uno de los dulces más emblemáticos de Oviedo. Elaborado con hojaldre, una suave crema de llema y almendra y un glaseado característico, se convirtió rápidamente en un icono gastronómico de la ciudad.

El pastel no dio origen al apodo, pero sí contribuyó a reforzar su presencia en la cultura popular. De algún modo, el sabor del carbayón es hoy una forma deliciosa de recordar el árbol que dio identidad a los ovetenses. Probarlo es casi una parada obligatoria para cualquier visitante que quiera llevarse un pedazo de la tradición local, igual que acercarse al lugar donde estuvo el roble original o visitar el que hoy lo sustituye.

Qué puede ver hoy el turista

Si visitas Oviedo, puedes seguir esta pequeña ruta relacionada con el símbolo del Carbayón:

  • Calle Uría y Campo San Francisco → antiguas zonas de expansión de la ciudad en el siglo XIX.
  • Placa del Carbayón en la calle Uría → lugar exacto donde estuvo el roble original.
  • Teatro Campoamor → en su parte trasera se encuentra el Carbayón nuevo, el árbol conmemorativo.