Pasear por el Campo es descubrir esa mezcla de historia, arte y serenidad que define a la ciudad.
El Campo de San Francisco es el gran pulmón verde de Oviedo y uno de los lugares más queridos por sus habitantes. Situado en pleno centro de la ciudad, junto a la calle Uría y el teatro Campoamor, es un espacio perfecto para pasear, descansar o disfrutar en familia a cualquier hora del día y en cualquier estación del año.
El parque combina naturaleza, arte y vida cotidiana: un lugar donde los ovetenses se dan cita para caminar, leer, escuchar música o simplemente desconectar del ritmo urbano.
Un parque con vida
El Campo de San Francisco es mucho más que un jardín histórico: es un espacio de convivencia y ocio que conserva el pulso diario de la ciudad. A lo largo del año acoge ferias, conciertos, exposiciones y actividades municipales que llenan sus avenidas de ambiente y alegría.
Durante las Fiestas de San Mateo, el parque y el paseo del Bombé se convierten en escenario de actuaciones y actividades culturales. En Navidad, el Bombé acoge una pista de hielo, toboganes y atracciones infantiles, mientras la iluminación festiva convierte los paseos arbolados en un recorrido mágico.
En primavera, el parque florece y los ovetenses acuden a disfrutar del aire libre; en verano, la sombra de los castaños y los bancos de piedra invitan al descanso; en otoño, los tonos dorados del follaje cubren los senderos, y en invierno, el Campo se viste de luces.
Rincones emblemáticos del parque
Cada rincón del Campo de San Francisco tiene su historia y su encanto:
- 🌳 Paseo de los Álamos: uno de los accesos más emblemáticos, paralelo a la calle Uría. Su pavimento alberga un mosaico monumental del artista Antonio Suárez (1965-66), una de las obras de arte urbano más destacadas de Oviedo.
- 🌿 Paseo del Bombé: en la parte alta del parque, con su barandilla de piedra y vistas sobre la ciudad. Aquí se encuentra el histórico Quiosco de la Música, donde se celebran conciertos y actos culturales.
- 🍭 La Chucha: pequeño quiosco de madera muy querido por los ovetenses, donde durante décadas se vendieron chucherías y refrescos. Aunque hoy permanece cerrado, forma parte de la memoria sentimental de la ciudad.
- 🦆 El Estanque de los Patos, hogar de cisnes, ánades y pavos reales, es uno de los rincones más fotogénicos del parque.
- 👧 La estatua de Mafalda, sentada en un banco junto al estanque, inspirada en el personaje de Quino, se ha convertido en una parada obligada para familias y visitantes.
- 🐕 En la zona norte del parque hay un espacio habilitado para perros, muy frecuentado por quienes disfrutan del paseo con sus mascotas.
- 🐌 Fuente del Caracol: una fuente para beber muy apreciada por paseantes y deportistas.
- 📅 La “fecha del día”: el famoso panel que se actualiza cada mañana, un guiño cotidiano que encanta a quienes cruzan el parque.
- 🍂🍦 Puestos de temporada: en invierno huele a castañas asadas; en verano, el helado es el rey en los paseos.

Un punto de encuentro para ovetenses y visitantes
El Campo de San Francisco es, desde hace siglos, el corazón verde de la ciudad. Es el lugar donde se celebran encuentros, donde se pasea sin prisa, donde los niños corretean y las parejas se sientan bajo los árboles a ver pasar la vida.
Pocos espacios reflejan tan bien el carácter de Oviedo: tranquilo, acogedor y elegante. Pasear por el Campo es descubrir esa mezcla de historia, arte y serenidad que define a la ciudad.
Un poco de historia
El origen del parque se remonta al convento de San Francisco, fundado en el siglo XIII por los frailes franciscanos. Aquellos terrenos extramuros de la muralla medieval se utilizaban como huertas y jardines monásticos, y eran conocidos como el campo del convento de San Francisco.
Tras la Desamortización de Mendizábal (1836), el convento fue suprimido y sus terrenos pasaron a manos públicas. Con el tiempo, se transformaron en un parque urbano, que conservó su nombre en recuerdo de su pasado religioso.
Todavía hoy quedan vestigios de aquel origen: la iglesia de San Isidoro el Real, que incorpora elementos del convento; piezas conservadas en el Museo Arqueológico de Asturias; y restos arqueológicos documentados bajo el parque, en la zona del paseo de los Álamos.








